
Dentro de los oscuros anaqueles de los recuerdos a antiguas felicidades... que uno luego encuentra ingenuas. Ahí se esconde, tal vez, el impulso que me motiva a crear estas líneas. Somos maquinas que se alimentan de sus propios desechos, que reciclan esas dos o tres cosas que realmente fueron autenticas en uno. Todo lo demás son reempalmes de los mismos trozos de película, una historia que nos creamos para no aterrarnos ante el vació que inunda nuestro ser. Y dentro de esa repetitiva reedición se cuelan retazos de los demás que llenan los baches con experiencias ajenas. Existe una salida a la enfermiza sátira de la vida: Tomar ese artefacto que creamos de recuerdos propios y ajenos, echarlo a andar como nunca lo hubiéramos visto y reinventar la trama. Cuando escribo me reinvento, reinventarse es burlarse de los remañidos repliegues burócratas de la vida. La escritura, cuando llega a su punto de intensa furia, cuando no se puede detener te lleva a un intenso éxtasis, el vació se llena con palabras, con nuevas creaciones que surgen de ese ser con su artefacto reeditado de vivencias y emociones para expandir ese manoseado núcleo por algo más, algo reproducible, imitable (tal vez), pero nunca igualable. Acá comienza todo, por lo menos para este "blog"... De la necesidad de expandirse de crecer de expresar que uno puede ser más que lo que nos otorga la absurda cotidianeidad de la vida... Que no solo se puede escapar para afuera, sino que también uno puede evadirse hacia el interior del vacío y construirse infinitas catedrales de pensamientos.

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